A través de la prensa saltan a la luz pública las tensiones que vive el vestuario del Tau. El entrenador y algunos de sus jugadores se entienden mal, el asunto por antiguo que sea, siempre se convierte en un acontecimiento.

Es inevitable que a lo largo de las temporada se produzcan roces, aunque los intereses deban ser comunes, en algunas ocasiones los jugadores, con su lógico egoísmo, priorizan sus deseos sobre los del colectivo.

Llegado ese momento el entrenador se ve obligado a actuar, el acierto o desacierto en la gestión del conflicto reflejará en el futuro la empatía del entrenador.

Al margen de la variada forma de actuar del entrenador: comprensivo, dialogante, exigente, incluso intolerante; lo necesario es que mantenga una línea de actuación concisa, desde esta premisa no es tan importante pertenecer a un grupo u otro, en definitiva de lo que se trata es que los jugadores sepan a qué atenerse en todo momento.

Todos los entrenadores valoran como muy positiva la SINCERIDAD hermanada con la VERDAD. En algunos casos esa sinceridad, que debe ser íntima con los jugadores no les hace suficientemente felices, les parece poco, y salen contando su verdad en los medios de comunicación; interesados en decirle al club y a los aficionados, "ya lo tengo todo controlado".

El cerrado mundo del entrenador no es propicio para un examen autocrítico, si así fuera se solucionarían muchos problemas. Ser sinceros consigo mismo es un esfuerzo que pocos entrenadores practican, los que menos aquellos que reinciden en los mismos errores.

Si el entrenador probara en sí mismo la sinceridad terapéutica conocería de su amargo sabor, y administraría la verdad hacia los demás mas sabiamente.

Cuando un entrenador recurre a la VERDAD SINCERA con su grupo a través de los medios de comunicación, debe estar preparado para qué esa actitud le ocasione complicados pasajes en forma de contestación; algunos casos tienen difícil solución, por lo tanto conviene ser cuidadoso sobre el uso de la verdad y la sinceridad.

Para que sea rentable la verdad, el entrenador debe poseer un conocimiento profundo de la forma de ser tanto del jugador como del grupo. La verdad desnuda, dulcificada, crítica, e incluso despiadada será positiva o negativa si el receptor está preparado para recibirla. En caso contrario será contraproducente, pondrá en peligro la relación con el jugador o incluso con el grupo.

Por tanto cuando se toma la decisión de exponer su verdad, el entrenador debe estar razonablemente seguro de que su jugador tomará las palabras como una ayuda para entender mejor, y por lo tanto una oportunidad para crecer. De no ser así el entrenador habrá fallado o porque el jugador no estaba capacitado para el entendimiento o porque el momento no era él preciso.

En demasiadas ocasiones la verdad sincera del entrenador es tomada como CRÍTICA, en este momento algo vuelve a fallar, la sinceridad ya no ayuda al jugador. Es imprescindible a toda costa evitar la sensación de acción crítica y conseguir el valor de OBSERVACIÓN.

El matiz es importante, los equipos siempre son receptivos a las observaciones, y nunca a las críticas. En el primer caso se trata de la descripción de algo que se percibe, en la crítica va implícito un juicio. Un buen entrenador consigue que los jugadores consideren observaciones todas las verdades críticas que se viven en el día a día.

Me atrevo a decir, que la crítica es el camino más eficaz para mantener y ampliar la distancia entre el entrenador y los jugadores.

En el largo y duro camino de conseguir unir los esfuerzos de los jugadores para que el equipo mejore, el entrenador debe encontrar el momento apropiado para transmitir verdades y observaciones. Incidir frecuentemente sobre los errores convierte al responsable en un atorrante compañero de viaje, su presencia resulta incómoda, y el grupo vivirá insatisfacciones innecesarias.

Los momentos oportunos para transmitir observaciones deben escogerse con mucho tiento, aspectos que generalmente no se dominan, tales como el estado de ánimo de los jugadores, el motivo de sus comportamientos actuales, las influencias externas, el estado físico... deben llevar al entrenador a no tener prisa en decir las cosas, saber escoger el momento y, sobre todo, parar a tiempo cuando el clima no es el apropiado.

Decirlo todo, desbordando el entendimiento del jugador, ataca su autoestima y su capacidad de comprensión.

Posiblemente el vestuario del Tau está viviendo tensiones, si es así, no serían de hoy, estarían gestándose a lo largo de los meses. Indudablemente se solucionarán por el interés general, tanto de jugadores como del entrenador.

Los motines siempre los solucionan las altas esferas de los clubes cuando están bien dirigidos y el Tau lo está.