La presencia de tres equipos españoles en la final de Turín y el título disputado por los dos equipos catalanes demuestran el alto nivel medio de la competición española.

Por el contrario la soledad del TAU, en la Final Four de Madrid, en la que desde luego no es favorito, evidencia que el baloncesto de nuestro país no tiene ningún equipo de primer nivel europeo.

Podría haberlo sido el Madrid, pero pinchó el día más importante

Esta situación provoca que los grandes medios de comunicación, sobre todo radios y televisiones, pasen de puntillas por la marcha de nuestros campeonatos, dedicando su tiempo prioritariamente a comentar los días buenos o malos de nuestras estrellas que juegan en la NBA.

A veces siento la añoranza de aquellos años en que el Madrid y el Barcelona se repartían los títulos nacionales sin grandes esfuerzos, y disputaban anualmente las competiciones internacionales con posibilidades de victoria.

Aun pagando el tributo que supone estar en la oscuridad mediática muchos fines de semana, prefiero nuestro baloncesto.

Somos un deporte para verlo en directo con la pasión de los aficionados locales que llenan los pabellones, y en el que cuatro o cinco equipos pueden ser campeones o, como está ocurriendo este año, a falta de cuatro jornadas hasta siete equipos corren el peligro de perder la categoría.

Igualmente prefiero la liga con playoffs. Qué sería de nosotros con ese solidísimo Madrid campeón en los primeros días de abril.

La popularidad del baloncesto ha pasado durante muchos años, y sigue ocurriendo en menor medida, más por el nombre y la aportación de algunas estrellas que por la consolidación de clubes con proyectos ambiciosos.

Sólo el TAU y el Unicaja se han unido a los tradicionales Madrid, Barcelona y Joventut. El resto, unos con más dinero y otros con menos, mantienen pobres estructuras, carentes de atractivos para los Medios.

El triste ejemplo es la actual situación del Estudiantes, con un pie en la LEB. Sería, si ocurre, un día triste para el B.E.