La semana pasada fue noticia el grave error cometido por el trío arbitral en el Iurbentia-Madrid.

Sin embargo me parecen mucho más llamativas las reacciones que provocó.

Por un lado, voces clamando sobre la necesidad de implantar el aparatito dichoso que solucione todos los problemas. Conviene aclarar que dicho instrumento, en el caso que nos ocupa no hubiera tenido ninguna utilidad.

Su servicio sólo puede utilizarse en jugadas concretas, como por ejemplo si una canasta es conseguida dentro o fuera del tiempo reglamentario.

Jamás para corregir decisiones arbitrales aunque éstas sean equivocadas.

De la misma manera que un entrenador castiga con el banco la mala defensa o el error clamoroso ofensivo, actúa la cúpula arbitral, llevando a la nevera a los árbitros desacertados exageradamente.

Esta norma me parece correcta, nunca como castigo, sino para provocar la concentración en el ejercicio de su dificilísima labor.

En este caso se ha dado una circunstancia novedosa, con gran valentía Junyent y Ramos, máximos responsables del arbitraje en la Liga ACB, reconocen sin pudor el despiste de sus pupilos aceptando de buen grado las críticas correspondientes.

Sin embargo, una asociación de árbitros, que no sé a cuántos representa, protestaba amargamente por este reconocimiento.

Es hora de que comprendan que el corporativismo a ultranza ha pasado a la historia. Hubiera sido mejor para el colectivo dejarlo correr.

Menos mal que después de todo, ninguno de los dos equipos se jugaban demasiado. Imagínense si el partido hubiera tenido mayor trascendencia.

Zanjado el asunto no puede ocultarse que el mundo arbitral de la ACB tiene problemas. Que Hierrezuelo, uno de los árbitros más en forma, se vea obligado a pitar partidos de gran trascendencia el sábado por la tarde en Vitoria y el domingo por la mañana en Madrid, muestra que algo no va bien. ¿Cuántas horas durmió considerando que además perdía una por el cambio horario?.

Ya que toco el tema del arbitraje quiero denunciar algunas jugadas en las que los árbitros NBA son superiores: las faltas en medio campo para evitar situaciones de ventaja a un equipo son una clamorosa ofensa a nuestro deporte, y los árbitros interpretan incorrectamente el sentido de la falta antideportiva, ¡qué mayor antideportividad que infringir la ley intencionadamente!.

Se ven con frecuencia compensaciones arbitrales cobrando pasos a jugadores que no han conseguido ninguna ventaja, cuando lo veo me produce auténtica rabia.

Qué decir de la rigurosidad con que castigan a los defensores en el uso de las manos; o las ocasiones en que se justifica la falta al taponador cuando después toca con el cuerpo. ¿Qué va a hacer con él?.

Dejemos estos temas para más adelante, después de todo nuestros árbitros son los más fiables del baloncesto europeo.