Los cupos no son la panacea
29.03.2008

El acuerdo suscrito entre ACB, FEB y la Asociación de Jugadores Españoles, merece alguna reflexión. Los jugadores y la ACB no se han roto la cabeza, han renovado el acuerdo anterior garantizando la presencia de cuatro españoles por equipo.
Sin embargo, las circunstancias ya no son las mismas, la depredadora NBA lo desvirtúa todo, recurre al mercado europeo sin los temores con que lo hacía años atrás.
La obligada presencia de cuatro españoles garantiza sueldos astronómicos a los mejores de los nuestros; el hecho sería positivo si no fuera porque se van y nuestros clubes se ven obligados a pagar muy bien a jugadores que ya no son tan buenos.
Los secretarios técnicos en una situación como ésta prefieren contratar jugadores más o menos consagrados del mercado europeo, lo que les obliga a fichar jugadores de relleno para cumplir la norma de cuatro españoles.
Por otro lado y cada vez con más frecuencia, los equipos de LEB convencen con sus ofertas a jugadores que en la ACB podrían rendir a gran nivel: Quinteros, jugador decisivo en el ascenso del León la pasada temporada prefirió la oferta del CAI en la categoría LEB Oro.
Puede asegurarse que una quincena de jugadores españoles de esta segunda división del baloncesto son comparables al mismo grupo de jugadores que deambulan por la ACB con variados pasaportes.
El proteccionismo que en un primer momento parece positivo en la realidad no lo es tanto, sólo sirve para alargar la vida de ilustres veteranos o para cortar la progresión de unos jóvenes que prácticamente no juegan y que se plantan en los 22 años sin minutos ni experiencia a sus espaldas.
Si se repasan los cuatro años transcurridos con el convenio, se observa que la importancia del jugador español en las competiciones es prácticamente irrelevante.
El deslumbrante rendimiento de tres jugadores españoles, Marc Gasol, Ricky Rubio y Rudy Fernández, no puede ocultarnos los datos que arroja la estadística descontando a estas figuras, entre los 15 mejor clasificados en valoración sólo dos españoles, Felipe Reyes y Juanjo Triguero, aparecen; en puntos anotados sólo Rafa Martínez – quizá el manresano sea la revelación silenciosa de la Liga - ; y en minutos jugados sólo aparece el sólido Fernando San Emeterio.
Definitivamente la protección del jugador nativo no pasa por los cupos.
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fernando escribió:
Creo que el problema es estructural y como siempre con el dinero, las comisiones/plusvalias como telón de fondo. Sólo un dinamismo desaforado como el que se vive en el mercado ACB permite dejar un reguero importante de comisiones, que a buen seguro seguro calienten generosamente el bolsillo de muchos que son a la vez juez y parte. Y ojo, no hablo de comisiones ilegales, hablo de las que se generan en la multitud de transacciones realizadas.
Un mercado en constante excitación es bueno para unos cuantos que a la postre se ve que tienen mucho peso en la toma de decisiones; pero en cambio me parece terriblemente negativo cuando menos en dos aspectos:
1. La identificación del aficionado/espectador con equipos que a duras penas crean señas de identidad sólidas en el tiempo, lo que aparte de no atraer nuevos feligreses van produciendo un goteo lento, pero inexorable de los existentes.
2. El papel de los jugadores jóvenes. En un contexto en que interesa que el mercado no pare de moverse, el apostar por jugadores jovenes, que no suelen dejar comisiones, y que exigen tiempo para formarse y consolidarse, no es la apuesta más inteligente para seguir llenando el bolsillo.
La cuestión es la habitual ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Y me temo que nadie, en nuestro tiempo no hay nada más poderoso que la rentabilidad económica. Y ni siquiera nadie se arriesga en la posibilidad de rentabilidades mayores a más largo plazo, por ejemplo apostando por fórmulas que apuesten por una mayor indentificación del aficionado/espectador y a la larga permitan ensanchar el espacio del basket con el cosiguiente aumento de la potencialidad del negocio.
Pero el lema es "coge el dinero y corre", la "gran feria de las medianias" no cierra nunca.