La semana pasada estuve en Platja D’Aro viendo el arranque del torneo sub-20 que organizan ACB y FEB conjuntamente; ¡Procurar no perderos este evento, os dará una idea de lo que podrían ser nuestros jugadores si no se les pusieran tantos obstáculos en su crecimiento!.

Participaban Barcelona, Estudiantes, Girona y Granada, el torneo fue muy bueno, y me apresuro a deciros que cualquiera de los cuatro equipos con una pareja de extranjeros decentes se mantendría dignamente en la clase media de la liga LEB-1, y jugaría play off por el ascenso en la LEB-2.


Cuesta trabajo valorar la calidad individual de los jugadores. En el juego colectivo con el que los equipos tapan sus posibles vergüenzas individuales pasan desapercibidos talentos de más valor del que muestran. Se juega demasiado en conjunto, casi siempre 5x5 y la improvisación y el talento individual se oscurece.

Tengo el compromiso con la ACB de dar una charla aprovechando el evento, dirigida a responsables, entrenadores y ayudantes de los equipos participantes. En el ánimo de estimularles la idea de que EL BALONCESTO ES UN JUEGO INDIVIDUAL preparé un visionado de video. Opino que cuando se usa tan interesante herramienta la primera visión de un partido sirve para disfrutar de algunos momentos o para descubrir defectos clamorosos; en una segunda pasada, más reposada, se analizan motivos generales que hacen mejores o peores a los participantes: lento balance defensivo, carencia de rebote, pérdidas de balón, malos bloqueos, falta de actitud...

Generalmente aquí termina el trabajo, olvidándose lo más importante, el despiece del juego y la visión individual: porqué este jugador no se escapa de su hombre, porqué pierde el pase, porqué renuncia a un buen tiro, porqué le quitan el balón, porqué no rebotea... La acción individual siempre va antes y es más definitiva que la ejecución de la jugada y suele ser el motivo el éxito o el fracaso de aquella idea colectiva preconcebida.

Para hacer el trabajo visionamos la final Sub-20 de la temporada pasada entre Estudiantes y Unicaja un par de días antes; cuando estaba dando vueltas a la cabeza sobre como exponer mis ideas me llegó la solución. Estaba viendo un Cibona-Unicaja de Euroliga, los croatas estaban dando un buen palo a los nuestros y se inició el último tiempo con clara desventaja de los malagueños.

Unicaja se desmeleno, llegó a la prorroga y perdió el partido en las últimas jugadas. Repasé todas las secuencias ofensivas del Unicaja y encontré la mejor fórmula para que los jóvenes entrenadores entendieran mi idea. Unicaja necesito 29 ataques para casi ganar, ¡ninguno fue de juego colectivo! Berni, Welsch y Pepe Sánchez se bastaron para remontar, Berni y Welsch en acciones individuales que desequilibraban a la Cibona y Sánchez con un magistral donimio del 2x2. Si no hubiera faltado Cabezas les habría sobrado tiempo para ganar.

Aito, Scariolo y Perasovic, apuestan descaradamente por la calidad individual en toda la extensión de la palabra, activan el contraataque y evitan lo más posible el 5x5 basándose siempre en la consecución de ventajas por acciones individuales.

Las defensas son tan fuertes, los jugadores tan grandes y la capacidad destructiva tan elaborada que nada que no sorprenda en el 1x1 puede ser rentable como sistema de juego. Por el contrario la improvisación dirigida no tiene techo en el crecimiento y convierte al equipo en imprevisible para los contrarios. En los últimos años el equipo más típico de esta forma de jugar es el Panathinaikos de Obradovic: Lakovic brillaba mucho más en el de lo que luce en el Barça, Spanoulis se ganó el fichaje por la NBA y Diamantidis sigue dando magistrales lecciones de baloncesto.

¡Entrenadores!, ¡Coño!. Estar atentos, hacer crecer la individualidad y olvidaros de la mediocridad de la cooperativa que no sirve más que para oscurecer posibles talentos.

P.D.: En los 40 minutos que algunos equipos jóvenes, dedican al calentamiento podría perfectamente realizarse una sesión de tiro que mejoraría los paupérrimos porcentajes de anotación de nuestros jóvenes.