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Puede ser que el proyecto anterior haya sido pésimo y tengas la oportunidad de formar un cuadro nuevo.

Entonces, tendrás la suerte de poder escoger algunos jugadores y la responsabilidad añadida de que funcionen bien.

Lo primero, para soportar tus largas horas de trabajo, y lo segundo, para que cuando vengan mal dadas sean capaces de reaccionar y no quede todo en tu mano: no puedes ser un psicólogo especializado en depresivos.

En lo técnico no te marearé, pero por favor que tiren y metan. Eso no se olvida, y de un tirador se saca un defensor mediano, mientras que de un defensor nato siempre es predecible “un mano de piedra”. Si no tienes buenos especialistas, duplica puestos: doses que puedan subir el balón, treses que defiendan fuera y cuatros que jueguen abiertos. Un juego exterior polivalente te dará muchas alegrías. Algún grande, aunque te desespere: la paciencia con ellos es siempre gratificante.

Una vez fichados tus jugadores, defiéndelos hasta el día que los cortes y luego no hables mal de ellos. No me extiendo más en este capítulo. Me da miedo meterme en un mundo que tanto conoces. Después del Curso Nacional que te has tragado, de los clinics a los que has asistido y de los videos que has visto, poco más puedo aportarte.

No se me ha olvidado el dinero. Toquemos ese asunto. Por mucha falta que te haga, no debes dar la sensación de que es prioritario para ti. Debes conocer el nivel medio de tu categoría y aceptarlo; pierde un duro si es necesario y recupéralo en premios por el éxito. Esta actitud será valorada por el jefe, que apreciará tu ambición. No te ciegues por el hecho de entrenar al equipo y protege tu contrato.

Por desgracia, el entrenador es responsable incluso de la gripe de sus jugadores y tú, para evitar las presiones lógicas de tu puesto – el jefe, la prensa especializada, el poder de un patrocinador e incluso algún reyezuelo del vestuario – debes cubrirte con una elevada cláusula de rescisión. Por pura lógica: si no aceptan esta cláusula, es que no creen en ti lo suficiente y, a las primeras de cambio, estarás muerto. No dejes de pactar unas fechas de renovación futura, tanto por tu bien como por el del club. Esta condición evitará muchas tensiones en los momentos finales de temporada, cuando se juega lo más importante de las aspiraciones.

Ya tienes tu equipo; el sueño de tu vida. Ahora un poco de filosofía que te vendrá bien a lo largo del duro invierno. ¿Realmente sabes para qué entrenas? Supongo que será para ser el MEJOR, el mejor de todos. Si es así, empieza cuanto antes a prepararte: educa tu lenguaje; controla tu espontaneidad – no todo el mundo entenderá tu franqueza –, cuida tu vestimenta; supedita todas tus diversiones a la profesión; amolda a tu familia a tan exigente vocación; vive la vida diaria de tu ciudad, de tu país y de las inquietudes de la juventud – si no los comprendes, difícilmente podrás entender sus reacciones –, utiliza la lectura como medio de inhibición, con lo que crecerás como persona y te liberarás de las obsesiones baloncestísticas que terminan metiéndote en un círculo vicioso.
Si lees temas de pedagogía, psicología y filosofía te resultará más fácil encontrar respuestas a tus problemas diarios.

Es obvio el conocimiento imprescindible de inglés a nivel medio alto; comprende que sin ese idioma no eres nadie. Ve media docena de partidos a la semana; así conocerás jugadores, entrenadores y tendencias. Por muy exitosos que sean tus métodos siempre envejecerán. Dice Savater que en el mundo en que vivimos cualquier técnico que quiera estar al día debe estudiar su carrera tres veces a lo largo de su vida activa.

Si la información es el poder, ten muy en cuenta que los agentes se dedican a vender sus productos y que los videos que te mandan siempre son interesados. No te desmoralices ante estas recomendaciones; son un simple esbozo de la dura realidad que vas a vivir. Te queda por descubrir el mundo de los medios, las reacciones de tu familia en una vida itinerante y, sobre todo, vacúnate de la vanidad, del egoísmo y de la prepotencia, y combate con todas tus fuerzas las dudas y depresiones.

¡Ánimo! Disfruta de las victorias, aprende de las inevitables derrotas y cuenta conmigo para lo que quieras.