Han pasado ya más de cuarenta años desde que este Baskonia apareció por las canchas de baloncesto españolas. Y hace aproximadamente quince que se vistió de largo y dejó de ser actor secundario para convertirse en estrella de reparto.

El equipo vitoriano ya tenía conseguido algún Oscar en forma de Liga ACB y de Copa del Rey, siempre a través de una gestión pionera y con similares presupuestos que los grandes clubes de la competición, con los que rivalizó y a los que vencieron también.

Anoche, el Baskonia llegó aún más lejos en su trayectoria.

Una vez perdidas sus estrellas y con un presupuesto inferior conquistó otra Liga frente al todopoderoso Barcelona por un contundente 0-3.

Muchas deudas quedan cobradas así. Por ejemplo, ya podemos olvidar por liquidada la triste derrota de aquel día con el madridista Alberto Herreros de ejecutor y que nos costó una Liga que ya merecíamos entonces.

De tragedia a locura

Pero retornemos al presente. El partido de anoche en Vitoria se convirtió en trágico en los últimos momentos.

El brutal lanzamiento triple con tiro adicional de Juan Carlos Navarro y el garrafal error arbitral de no dar por válido un irregular tapón de Morris hubieran sido suficientes motivos para aplazar, tras unos 'lloros', la resolución de la Liga ACB al cuarto partido de la final. Pero no.

Ni Dusko Ivanovic ni su gente estaban dispuestos a alargar la gran batalla liguera.

Y se dispusieron a afrontar con la misma pasión la prórroga. Y llegó con ella la locura en el abarrotado Buesa Arena.

Cualquier buen aficionado debe pasar los recuerdos de este partido a la primera página de su memoria y conservar el dvd de este enfrentamiento para no olvidar nunca el porqué de la admiración del baloncesto europeo por este club.

Tal vez otro día me extenderé en los méritos del entrenador y sus jugadores, pues son los que al final merecen los elogios, pero hoy es todo una borrachera de felicidad.

Disfrutemos de ella.

* Artículo publicado en la edición local de El Correo de Vitoria.