Lo has decidido. Quieres ser entrenador profesional. Te vas a Málaga a sacar el título nacional. Me parece muy bien.

Has descartado la idea de curtirte en categorías inferiores y nada de enseñar a jugar, ni de hacer mejores a unos jovenzuelos y crecer de su mano. Tienes ambiciones urgentes.

Quieres enrolarte cuanto antes en un equipo profesional de cualquier categoría. Te da igual EBA, LEB o ACB, incluso estás dispuesto a ir a la NBA.

Está bien; tus aspiraciones son legítimas. Seguro que te sobran conocimientos técnicos, ¡hay tanta información!: los videos de los mejores equipos te han ayudado a conocer las últimas tendencias técnicas.

Vas a aprobar el Curso Nacional, no sin dificultades a pesar de su dureza. Al final habrás compartido con colegas, entre ellos algunos ilustres jugadores retirados, y no te ha resultado difícil hablar con ellos de baloncesto.

Te empieza a llegar información sobre jugadores de cualquier categoría, los agentes “compartirán” contigo su sabiduría. Para qué esperar más; adelante, ten conectado día y noche el teléfono, si no suena llama tú y date a conocer.

Bienvenido; ten paciencia, eres un firme proyecto.

¿Sabrás cómo obrar cuando la máquina de tu felicidad se ponga en marcha? Por si acaso, voy a intentar darte algunas pistas de cómo lo haría yo: Desde el primer momento busca un solo interlocutor; intenta no equivocarte y adivina que sea la persona que decide en el club; generalmente, es el presidente.

Indaga cómo es; confirma si sus aspiraciones son similares a las tuyas, si su solvencia es suficiente, si preside un proyecto viable, si sus ocupaciones le permiten vivir con intensidad el club, y si estará dispuesto a mantener una relación contigo a lo largo de toda la temporada. Entérate de su honradez y si cumple sus compromisos.

Si reúne todos estos requisitos, ¡qué suerte!: has encontrado lo que mereces.

Últimamente los clubes han incorporado la figura de secretario técnico; no le “puentees”, sé franco con él, pero no permitas que tapone tus relaciones con el jefe para evitar puñaladas o ineficacias por su parte.

Si todo esto no es posible y el tipo no vale la pena, pon una disculpa y aléjate. Jamás te arrepentirás de tan dolorosa decisión.

Ya tienes tu hombre; ilusiónate con la idea, piensa en el futuro y preocúpate de cómo son las instalaciones deportivas; de si tienes facilidades de gimnasio, ropa de entrenamiento, balones, médico; en definitiva, de cómo es el club por dentro.

Hazte una idea clara de cómo será todo a lo largo de la temporada. Cuando haya una feria en el pabellón, ¿dónde entrenaréis? Ya me entiendes, adivina cómo será el duro invierno. ¿Tendrás un despachito para hablar con los jugadores o ver videos?.

Si las respuestas son positivas, otro problema resuelto. Pero no te confundas: cada concesión que hagas se volverá contra ti.

Es bueno que acuerdes los objetivos del equipo. Y si todo va con normalidad, luches por cumplirlos. Pueden existir problemas inesperados dentro de tu plantilla que impidan el cumplimiento de estos planes; siéntate inmediatamente con el presidente y replantea de nuevo el futuro.

Esta situación puede producirse incluso antes del comienzo de la temporada. Deja muy claro desde el primer momento el respeto exquisito que sientes por los directivos. Pero desde el primer día demuéstrales que no son interlocutores para ti; evita la tentación de usarlos como "kleenex".

Al final, si lo haces, los mocos se te quedarán en los dedos y el presidente dudará de ti o por tu falta de valentía o por tu falta de franqueza.

Está casi todo, lo que queda son pequeños inconvenientes: controla a quiénes son tus ayudantes – sobre todo si estaban antes –, no vayas a tener problemas de fidelidad. Podría darse el caso de que alguno de ellos aspirase a tu puesto desde antes de tu llegada; siempre tendrás en él a un deseoso sustituto.

En todo lo relacionado con la convivencia entre tu grupo de colaboradores y tú debes prestar mucha atención, sobre todo en estos tiempos en los que los clubes ponen tantas personas alrededor del entrenador.

Te cuento como anécdota que al Macabbi en la “Final Four” de 2005 le conté hasta trece personas en el “staff”.

Valora la siguiente reflexión: no se hace un traje nuevo con ropa usada. Pero, sobre todo, ten los que realmente necesitas para hacer un buen trabajo.

Continuará...