Procastination
20.03.2009

Tengo un buen amigo que pertenece al mundo del baloncesto, que es bilingüe español e inglés. Hablábamos de presidentes, secretarios técnicos y entrenadores. La conversación versaba sobre la dificultad que supone tomar decisiones y, no digamos tomarlas a tiempo.
Cesar entrenadores, cambiar jugadores, definir estructuras deportivas o planificar el futuro, pueden ser acertadas si se hacen en el justo momento y negativas, si se actúa con retraso o precipitación.
En un momento mi amigo comenta que en inglés existe una palabra que define ese bloqueo tan habitual en nuestro mundillo: “PROCRASTINATION”.
No la conocía en castellano, me puse a buscar su definición: "aplazar sistemáticamente actuaciones o decisiones que se deben realizar", define perfectamente algunas actitudes propias del baloncesto.
No se trata de una simple pereza, ni de falta de valor, ni de desconocimiento de cómo actuar; simplemente es un bloqueo que puede convertirse en un problema para la salud psicológica.
En los años de formación de los entrenadores y en los cursos necesarios para adquirir el título, debería profundizarse mucho más en forma de solucionar de los problemas psicológicos que conlleva dirigir un equipo de baloncesto que en los aspectos técnicos.
Quizás el colectivo de entrenadores sea de los más afectados por la PROCRASTINACIÓN que les bloquea a través de variopintas conductas;
existe el que subestima o sobreestima el tiempo en el que tomar una decisión necesaria: sustituir a un jugador, atajar el comportamiento en el banquillo, reaccionar ante presiones exteriores o cualquier contratiempo que se le presenta en la temporada.
Aplaza la decisión y, al final, la toma de forma atropellada y extemporánea cargando de estrés a todo su entorno.
También procrastina el entrenador perfeccionista, que vive en un estado de innovación constante y se bloquea por una baja tolerancia.
Sueña constantemente con proyectos nuevos.
Una variante muy común de este tipo, es el que se considera el mejor, con tal autoestima que todo le parece fácil, que tiene tiempo para corregir lo que él sabe que está mal, pero que aplaza sin fecha la toma de decisiones.
Un entrenador muy admirado es el que yo denomino de “mente voladora”: una máquina de generar ideas que se ahogan unas a otras, vuelve loco a su club, a la prensa, a sus ayudantes y a todo el que se ponga por delante.
Cuando pasa el tiempo, él mismo se da cuenta que tantos proyectos le llevan a un estado de procrastinación absoluta.
Están también los depresivos que se encierran en sí mismos, en sus familias y en su círculo más próximo, se sienten siempre bloqueados y les cuesta tomar decisiones, las aplaza, este entrenador que podría llegar a ser muy bueno necesita la ayuda de un psicólogo que le impulse hacia la actividad.
Un buen aficionado perspicaz podría poner nombre a cualquiera de estos tipos de procrastinadores, incluso crear algún apartado que yo no haya reconocido. Manos a la obra.
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