Vladimir Stankovic, periodista experto en el baloncesto europeo, no en vano ha sido jefe de prensa de la liga europea, publicó un documentado artículo en el que daba algunos datos sobre el baloncesto ruso de hoy y dividía la competición en tres grupos.

El primero formado por los adinerados CSKA, Khimky, Dinamo, Triumph y Kazan, que manejan presupuestos entre los 18 y 38 millones de euros y el cronista vaticinaba que en los próximos años podrían llegar a invertir alrededor de 100 millones.

No es de extrañar que entre las incorporaciones de este año estén jugadores de la talla de Garbajosa, Planinic, Delfino o Morris.

A este grupo de candidatos al título y para animar la competición, Stankovic añade el grupo formado por Lokomotiv, Ural, San Petersburgo y Vladivostov que mueven presupuestos de entre 7.3 y 10.9 millones de euros.

Por último y para completar los 12, quedan 3 modestos equipos. La nómina de entrenadores la componen 9 extranjeros encabezados por los afanados Messina y Blat; conociendo la dificultad que supone vivir en la climatología rusa es de suponer que estarán muy bien pagados.

En una entrevista el juicioso Garbajosa hace un comentario sobre su desembarco en la liga rusa, y sobre sus clubes dice "¿fichajes de lujo en Rusia?, es un reflejo de la ambición que tienen los clubes y sus presidentes por tener equipos competitivos".

16 equipos en Italia, presencia helena en NY

Al mismo tiempo, nos llega la noticia de que la liga italiana se ha puesto en marcha con una semana de retraso y con sólo 16 equipos, al haber caído dos participantes por incumplir alguna norma imprescindible, supongo sobre aspectos económicos.

Sigo husmeando por la prensa y me encuentro en un suelto una noticia que me produce perplejidad: el Olympiakos abre oficina en Nueva York con el ánimo de acercarse al baloncesto NBA y competir en el fichaje de alguna de sus estrellas, de hecho esta temporada ya ha contratado a Childress pagándole un sueldo de 6 millones libres de impuestos.

En la misma noticia se comenta que el equipo griego piensa moverse en un presupuesto aproximado de 70 millones de euros.

¿La mejor liga de Europa?

Hasta aquí las últimas noticias sociopolíticas-económicas del baloncesto en el ámbito del europeo.

Y yo me pregunto: ¿cuánto tiempo nos queda para seguir siendo la mejor liga de Europa?. Tanto como tardemos en comprender la dimensión que el deporte profesional adquiere en el continente.

Pero el asunto no sólo atañe al baloncesto, el fútbol vive una diatriba parecida.

John Carlín en su primoroso artículo semanal en el diario El País, nos habla esta semana sobre la Premier y las discrepancias de esta con el presidente de la UEFA.

El mítico Platini ha declarado: "el fútbol es un deporte y el deporte se ha vuelto popular debido a una cuestión de identidad. Tiene que haber identidad: ahí es donde reside la popularidad del fútbol".

Este discurso es el mismo que defiende nuestro mítico Corbalán.

Evidentemente, quien va a estar en contra de tan romántico deseo, quien no va a defender el sueño de ser campeón con jugadores de tu país, mejor aún, con los de tu ciudad, o por qué no, de nuestro colegio o de nuestro barrio.

Definitivamente se trata de un sueño, de una utopía.

Los aficionados españoles ven jugar en la brillante selección de fútbol nada menos que a cinco jugadores de un mismo club, el Liverpool, y no se sienten tan deprimidos como parece ocurrirles a nuestros románticos ex jugadores.

El prestigioso periodista A. Relaño, director del diario As escribió hace unos días "el fútbol corre el peligro de que la Premier se convierta en la NBA".

Desencuentro entre los rectores

Vuelvo al baloncesto y al desencuentro entre los rectores de las competiciones profesionales. Me apresuro a decir que tal desencuentro es mucho más filosófico que real.

Repasando las últimas cinco temporadas y el arranque de la presente se aprecia fácilmente que ninguno de los tres invitados por la Euroliga: Barcelona, Real Madrid y Tau hubieran quedado nunca fuera de la competición.

Asimismo es una realidad que al margen de los nombrados sólo Unicaja, Pamesa y Joventut son hoy por hoy aspirantes firmes al cuarto puesto garantizado.

Por lo tanto, si la liga ACB tras una dura negociación consiguiera un 5 puesto para nuestros equipos, es evidente que de los posibles aspirantes sólo uno se vería defraudado, mejor dicho, habría fracasado en sus planteamientos deportivos.

La ACB se equivoca

Si se tratase de una enfermedad podría decirse que el diagnóstico de la ACB es equivocado, su problema actual no es el sistema de clasificación para la liga Europea sino la falta de crecimiento de los clubes que componen su propia competición.

En la mayoría de ellos sus estructuras han variado poco -sobre todo las dirigidas a la generación de recursos-, a la mejora de las instalaciones y a los organigramas internos, en muchos casos puede decirse que el club es similar a lo que era hace 10 años.

Pongamos como ejemplo el admirable Estudiantes que, sin perder la filosofía de sus aficionados en aquello de "somos un equipo de patio de colegio", no ha conseguido desde la gestión profesional adaptarse al momento en que vivimos y está constantemente en estado de incertidumbre, recuérdese que una semana antes de iniciar la competición aun tenía dudas de en qué campo iba a jugarla.

Bien es cierto que si hacemos una mirada retrospectiva a la historia de la ACB, todo indica que sus rectores, encabezados por Eduardo Portela, son los responsables de todo lo bueno que hoy por hoy tiene el baloncesto español en forma de afamados jugadores, entrenadores y sobre todo, su valor más preciado: la afición que llena campos jornada tras jornada.

Quede bien claro que hasta el día de hoy toda la gestión de la directiva ha sido notable.

Hay que evolucionar

Sin embargo, ha llegado la hora de la evolución, el proyecto para crecer necesita cambios y éstos siempre son traumáticos.

Ocurre que la liga ACB no deja de ser más que una cooperativa con 18 dueños.

La bondad del sistema cooperativo es indudable, aunque sigue sin solucionar el problema de la evolución llegándose a ver cómo una mayoría de conservadores o mediocres, pueden paralizar esa evolución necesaria.

Llegado el momento de la reconversión, conviene adecuar los presupuestos de los clubes al momento actual, los 3.500.000 euros que hoy se exigen para pertenecer al grupo son a todas luces ridículos; las instalaciones de algunos clubes son obsoletas y reúnen las condiciones mínimas que se establecieron hace 10 años; las dificultades económicas y de morosidad deben olvidarse, así como el deseo de algunos clubes de vivir de subvenciones públicas.

Los proyectos ACB sólo son viables cuando el crecimiento es sostenible, basta con ver en lo que ha quedado el sueño de Girona.

Una vez planteada la limpieza y actualización de nuestro baloncesto profesional en la liga ACB deben de jugar el número de equipos que cumplan tales premisas; puede que sean 16 como en Italia, o incluso alguno menos, pero jamás llegar a 19 como pudiera ocurrir en la próxima temporada si la mayoría de los clubes aprueban el descenso de un solo equipo y la liga tuviera que aceptar la llegada del Obradoiro.

Cuando se habla de solidaridad por parte de los tres grandes, demanda que me parece razonable, no lo sería menos que, a través de meditada reflexión, algunos acepten que el traje de la ACB les viene muy grande.

Sólo pensar en la renuncia por parte de uno de los dos grandes clubes de fútbol, me pone los pelos de punta.

Esta reflexión sobre la solidaridad es tan utópica y soñadora como la de Platini y su proteccionismo.