Ni los más devotos creyentes de que el baloncesto es el deporte por excelencia podemos mantenernos al margen del espectáculo dado por los futbolistas españoles en el pasado europeo.

Tiempo atrás nos copiaron las estadísticas, las asistencias y el "todos defienden y atacan".

Ahora se han superado.

Recuerdo que en un pasado fracaso futbolero, días antes del debut, el peluquero de la selección nos explicaba en una emisora de radio, cual era el peinado que más favorecía a cada uno de nuestros futbolistas.

Convertidos en estrellas rutilantes pensé estos críos y sus jefes son idiotas.

Apareció la selección de baloncesto, la nuestra, con su naturalidad, su compromiso y la renuncia al estrellato individual; el hecho prendió de tal manera entre las gentes de nuestro país, que se convirtieron en un ejemplo, esos decían los periodistas especializados en el juego de once, aquellos mismos que los habían convertido en galácticos.

Llegó él, Luis Aragonés, no se si sabio pero desde luego experto y se puso a buscar chavales normales, de los de pantalón vaquero y quitó a otros, quizá igual de buenos pero demasiado clamorosos y, la fórmula surtió efecto.

Seguro que les recibirá el Rey, no necesitarán ir en vaqueros por aquello del protocolo, ya nos han demostrado que son chavales normales, que se van de cañitas con sus amigos y que no necesitan ni peluqueros ni guardaespaldas ni nada de eso.

Una cosa si me da pena, ver a ese señor mayor privarse de sus jubilosas explosiones, recurrir a su más profunda intimidad para desahogar sus alegrías, como si quisiera decirles a los que le agraviaron aquello de anda que te pires.

No Luis, a nuestra edad nos lo podemos permitir todo, hasta tener el vigor de los jóvenes. Si nuestro casi olvidado Pepu se permitió seducir a medio país con su ba-lon-ces-to, que no puedes hacer tú en este momento, sabiendo además lo efímero que es el éxito.

Nuestros Pau, Calderon y Garbajosa, atletas internacionales, marcaron un camino que una vez más emprende el fútbol y que seguirán manteniendo los nuestros en la próxima olimpiada, con otro seleccionador y con algunos jugadores nuevos, porque el camino de la sensatez está marcado y nuestros deportistas más privilegiados, comprenden que pertenecen a una sociedad madura que les obliga a convivir con la normalidad.