La inteligencia
15.10.2007

No puedo ocultar la sorpresa que me produjo ya que no tengo conocimientos para valorar su trabajo...soy un mero espectador, tan propenso a la crítica como cualquier otro.
Sin embargo, me hizo ilusión que contaran conmigo y después de darle unas cuantas vueltas me decidí por contarles lo que sigue.
Les puse en antecedentes de que mi visión del baloncesto nunca había sido próxima a la suya y recurrí al escritor que dijo que sólo se conoce el río cuando se le ha observado desde las dos orillas pues bien -les dije- yo sólo lo conozco desde una.
Les comenté que todo lo que me iban a escuchar era una adaptación de lo que me gustaría inculcar a futuros entrenadores pero que, desgraciadamente, a ellos o a sus rectores no les interesaba.
Llevaban dos días concentrados, sabía que estarían hartos de discusiones tanto técnicas como tácticas, por lo que me aventuré a decirles que en su trabajo como en el de los entrenadores, los conocimientos técnicos no suponen más que un 20%, el 80% restante pasa por la emotividad en forma de concentración.
Comparé su trabajo con el de los jueces en la vida pública; en este capítulo, los árbitros son muy diferentes a los entrenadores, en la vida de los jueces la soledad es su única compañera y para vivirla nada mejor que cultivar la INTELIGENCIA.
Ella, la inteligencia, fue el motivo de mi charla. La dividí en sus dos formas: la inteligencia individual que es la que se dirige a potenciar o a combatir aspectos como: la pereza, la prepotencia, la autoestima, la autocomplacencia etc... y que necesita de un gran esfuerzo individual para que el resultado sea el equilibrio deseado.
Hice mucho hincapié en el criterio de que la cultura nos hace mejores y recurrí a la definición de José Antonio Marina que dice: llamo inteligencia a la capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada y aprendida, elaborada o producida por el mismo.
Entre la cuarentena que me escuchaba veía claramente caras de sorpresa, como iba preparado, no me preocupé y seguí con mis cosas.
Me alargué con alguna anécdota para que aquello no sonara a ladrillo y en cuanto pude les lancé la definición que el propio Marina hace de POR QUÉ FALLA LA INTELIGENCIA: puede ser porque no dirija, porque no capte, porque no aprenda o porque no sepa utilizar lo que aprende.
Acaso les llame la atención leer que la inteligencia es capacidad de dirección...Sperry premio Nobel de neurología decía: "la función principal del cerebro no es conocer si no guiar el comportamiento".
Me extendí en algunos errores generales que observo desde mi orilla cuando veo partidos, y les puse ejemplos que siempre me sorprenden: ver como salen airosos de casi todos los enfrentamientos trascendentales: Play offs, Copa del Rey etc... y sin embargo algunos arbitrajes de domingo por la mañana, entre equipos modestos, soportan actuaciones tan erráticas; como hay tanta diferencia de criterio entre jugadores jóvenes y veteranos; por qué se respeta más a unos entrenadores que a otros.
Todo es consecuencia de que la inteligencia individual funciona erráticamente.
Vuelvo a las definiciones de José Antonio Marina que nos explica cuando fracasa la inteligencia: "la inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa, de solucionar los problemas afectivos o sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprenden mentas disparatadas o se empeña en usar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones, o cuando decide amargarse la vida".
Cada vez que leo las definiciones del filósofo pienso que si hubiera sido árbitro o entrenador, habría sido una estrella.
Llegado este momento y tras los correspondientes chascarrillos que deben venirme de mi cuna madrileña, pasé a la otra forma de INTELIGENCIA, la COLECTIVA....... el próximo día os la contaré.
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