El pasado mes de septiembre recibí por parte de la ACB, una invitación para dar una charla a los árbitros que van a tener la responsabilidad de dirigir la temporada recientemente iniciada.

No puedo ocultar la sorpresa que me produjo ya que no tengo conocimientos para valorar su trabajo...soy un mero espectador, tan propenso a la crítica como cualquier otro.

Sin embargo, me hizo ilusión que contaran conmigo y después de darle unas cuantas vueltas me decidí por contarles lo que sigue.

Les puse en antecedentes de que mi visión del baloncesto nunca había sido próxima a la suya y recurrí al escritor que dijo que sólo se conoce el río cuando se le ha observado desde las dos orillas pues bien -les dije- yo sólo lo conozco desde una.

Les comenté que todo lo que me iban a escuchar era una adaptación de lo que me gustaría inculcar a futuros entrenadores pero que, desgraciadamente, a ellos o a sus rectores no les interesaba.

Llevaban dos días concentrados, sabía que estarían hartos de discusiones tanto técnicas como tácticas, por lo que me aventuré a decirles que en su trabajo como en el de los entrenadores, los conocimientos técnicos no suponen más que un 20%, el 80% restante pasa por la emotividad en forma de concentración.

Comparé su trabajo con el de los jueces en la vida pública; en este capítulo, los árbitros son muy diferentes a los entrenadores, en la vida de los jueces la soledad es su única compañera y para vivirla nada mejor que cultivar la INTELIGENCIA.

Ella, la inteligencia, fue el motivo de mi charla. La dividí en sus dos formas: la inteligencia individual que es la que se dirige a potenciar o a combatir aspectos como: la pereza, la prepotencia, la autoestima, la autocomplacencia etc... y que necesita de un gran esfuerzo individual para que el resultado sea el equilibrio deseado.

Hice mucho hincapié en el criterio de que la cultura nos hace mejores y recurrí a la definición de José Antonio Marina que dice: llamo inteligencia a la capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada y aprendida, elaborada o producida por el mismo.

Entre la cuarentena que me escuchaba veía claramente caras de sorpresa, como iba preparado, no me preocupé y seguí con mis cosas.

Me alargué con alguna anécdota para que aquello no sonara a ladrillo y en cuanto pude les lancé la definición que el propio Marina hace de POR QUÉ FALLA LA INTELIGENCIA: puede ser porque no dirija, porque no capte, porque no aprenda o porque no sepa utilizar lo que aprende.

Acaso les llame la atención leer que la inteligencia es capacidad de dirección...Sperry premio Nobel de neurología decía: "la función principal del cerebro no es conocer si no guiar el comportamiento".

Me extendí en algunos errores generales que observo desde mi orilla cuando veo partidos, y les puse ejemplos que siempre me sorprenden: ver como salen airosos de casi todos los enfrentamientos trascendentales: Play offs, Copa del Rey etc... y sin embargo algunos arbitrajes de domingo por la mañana, entre equipos modestos, soportan actuaciones tan erráticas; como hay tanta diferencia de criterio entre jugadores jóvenes y veteranos; por qué se respeta más a unos entrenadores que a otros.

Todo es consecuencia de que la inteligencia individual funciona erráticamente.

Vuelvo a las definiciones de José Antonio Marina que nos explica cuando fracasa la inteligencia: "la inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa, de solucionar los problemas afectivos o sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprenden mentas disparatadas o se empeña en usar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones, o cuando decide amargarse la vida".

Cada vez que leo las definiciones del filósofo pienso que si hubiera sido árbitro o entrenador, habría sido una estrella.

Llegado este momento y tras los correspondientes chascarrillos que deben venirme de mi cuna madrileña, pasé a la otra forma de INTELIGENCIA, la COLECTIVA....... el próximo día os la contaré.