Rearmar nuestro baloncesto
05.07.2007

El asunto se complica cuando algunas de sus elecciones van dirigidas a un intercambio posterior.
Los jugadores tienen poco que decir en este mercado persa, el dinero lo puede todo.
El hecho de estar bien pagados, les inhabilita para enfocar su carrera profesional, olvidan sus preferencias y por descontado sus intereses deportivos.
Llama la atención la cantidad de jugadores que no cumplen el recorrido universitario; antes los casos eran excepcionales, ahora cualquier buen proyecto de 18 años pasa directamente al mundo de los negocios.
La primera consecuencia de esta situación es que algunos que podrían llegar a ser jugadores míticos se quedan en el camino por la falta de un aprendizaje correcto. Allá los americanos con sus decisiones.
Más importante para nosotros los europeos es ver cómo se ha normalizado la contratación de los nuestros, no ya de los mejores sino de los que empiezan a despuntar.
Sergio Rodríguez es el ejemplo más claro de lo que digo. Ha pasado el tiempo en el que al jugador europeo le costaba trabajo marcharse, ahora casi lo están deseando.
Hay varios motivos para ese cambio de actitud: por un lado los casi cuatro meses de vacaciones que disponen y la mejora económica de sus contratos pero, sobre todo, la información que reciben de sus compatriotas que compiten allí y les cuentan el tipo de competición que juegan, mucho más laxa y con menos tensiones que la que se juega en Europa.
En este momento Vázquez dice que está dispuesto a marchar, Rudy tiene la maleta preparada, Gasol seguirá los pasos de su hermano y en el caso de Splitter y Scola es sólo cuestión de tiempo.
En el ámbito europeo la sangría es espectacular. La situación es grave y a corto plazo deberá ponerse remedio o el baloncesto europeo perderá mucha calidad.
La FIBA en su división europea tiene la batalla perdida con la ULEB en cuanto a competiciones por equipos.
La gestión de Bertomeu está claramente dirigida a fortalecer sus competiciones continentales con los mejores clubes; una vez conseguido este éxito, se apresta a crear una segunda división que termine con cualquier competición europea que no esté bajo su tutela.
La FEB ya ha dejado claro que este problema no le atañe. No se siente para nada perjudicada por la marcha de nuestros jugadores a la NBA;
todo lo contrario, la publicidad es mayor, la prensa lo jalea y los jugadores, hasta el momento, vienen encantados en verano a representar a España; gran mérito de esa situación es el trato que los jugadores reciben por parte de la FEB y de la prensa.
La situación será pasajera tal y como ocurre en la mayor parte de los países europeos, llegará un día en que nuestros jugadores prefieran ir de vacaciones.
A los que nos gusta el baloncesto que se juega en invierno, no se nos escapa el actual debilitamiento de la liga ACB: cuatro o cinco equipos compiten con los mejores europeos, llegan a la Final Four pero no triunfan, tienen demasiadas circunstancias en contra: una competición doméstica agotadora, una contratación de jugadores regulada en cuanto a tributos y demás ventajas económicas (no debe olvidarse el tipo de economía de que disponen los equipos griegos o rusos) y la ya anteriormente mencionada huida de los mejores a Estados Unidos.
Para colmo, la FEB se despreocupa de la formación de los jugadores; conviene recordar que en la nueva organización del baloncesto amateur se amplía la categoría LEB a tres grupos: oro, plata y bronce en las que los jugadores españoles tendrán menos protección que la que tienen en la liga profesional ACB.
En ésta existe un cupo de jugadores españoles que en aquellas es casi libre. La posición de la Federación Española es cristalina: los mejores jugadores, vengan de donde vengan para su propio lucimiento y el que venga detrás que arree.
El inmovilismo de la ACB es preocupante, no conozco sus interioridades ni por descontado las de los clubes que la componen, pero parece clamorosa la necesidad de buscar remedio a la falta de jugadores para sus equipos.
Este hecho les conduce a pagar cantidades desproporcionadas tanto por los jugadores estrellas como por los que no lo son, el mercado es cuestión de oferta y demanda.
Si como queda demostrado la Federación Española no está por la labor de proteger a las nuevas generaciones es la propia ACB quien debe hacerlo.
La creación de una liga sub 20 organizada y tutelada por su propia organización sería la base de un rearme del ba-lon-ces-to tal como lo concebía el seleccionador.
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