Estimulado por algunos aficionados que me preguntan por qué el Joventut es diferente al resto de los equipos españoles, charlo con gente del baloncesto sobre el tema: entrenadores de diferentes categorías, ayudantes y gente vinculada al baloncesto activo.

Me siento decepcionado, no escucho más que generalidades: qué bueno es Rudy, sin él no serían lo mismo; Bennet y su talante ganador, Ricky y su prodigiosa juventud.

Agotado el tema de jugadores, asunto para mí no tan relevante, la mayor parte de ellos han sido buenos jugadores en malos equipos (Vázquez y Oliver) o desechados en equipos con aspiraciones: Betts y Archibald.


Se recurre a la generalización sobre el espíritu colectivo ¡cómo luchan y como se pegan!.

Parece que quiera decir que los otros clubes no lo hicieran, que el Tau de Scola, el Madrid de Felipe o el Barça de Navarro se tocasen las narices.

No, tampoco puede ser éste el motivo diferenciador. Hay quien me dice que es un club sin presión en el que la derrota no es un drama.

A éstos les dejo de escuchar al instante, la derrota es para todo el mundo igual y utilizar como argumento la mayor o menor trascendencia de ésta, me resulta demasiado ingenuo.

A punto de iniciarse el curso nacional de entrenadores, sería un buen examen de admisión o quizás motivo de titulación garantizada, leer en un folio escrito por los futuribles algún motivo concreto que diferencie el baloncesto del Joventut al del resto de los equipos de ACB.

El mío podría ser algo así: Aito escoge un estilo de juego diferente que incomoda a sus contrarios hasta cabrearles.

Tal estilo no cambia aunque el contrario sea el mejor equipo europeo, o un recién ascendido. Tal decisión puede interpretarse como un abandono del baloncesto "ajedrecista" tan en boga.

No es así, mantener una escala de valores siempre dentro del orden apropiado "nosotros jugamos así, vosotros hacerlo como queráis" es la primera norma para cualquier planteamiento posterior.

Resulta sorprendente que una visión tan simplista dé tanto resultado y que los estudiosos se pierdan en un frondoso bosque sin ver los árboles.

Aito estructura su equipo siempre desde el valor individual del jugador y desde el esfuerzo máximo de éste.

A lo largo del partido no se descansa un instante y, consecuentemente, los minutos se juegan con prisa en el cuerpo a cuerpo sin pensar; en definitiva, lo que tienen que hacer sus jugadores. Siempre tiene urgencias.

El comportamiento de los suyos es similar al de un equipo ciclista en una etapa contrarreloj: se aprietan los dientes cuando toca el relevo. Es interesante observar cómo se canaliza ese derroche físico, cómo tan insensata forma de jugar se convierte en algo práctico y rentable para el equipo.

La primera premisa debe basarse en unos conceptos muy concretos sobre el estilo.

En el caso de Aito, éstos podrían ser algunos: se carga el rebote ofensivo sin piedad, desde todos los flancos y además se hace un balance defensivo eficaz;

después de recibir canasta, se saca con urgencia para no dar descanso al contrario; se dispone de libertad para hacer un tiro en cualquier momento sin excesivas ataduras y fiando al juicio del jugador el momento de la oportunidad; en defensa, nunca protecciona la falta.

Para Aito protegerse es renunciar al espíritu de su juego. Producen sonrojo el criterio que manejan quienes no conocen en profundidad el baloncesto y dicen que la filosofía de Aito es hacer muchas faltas para que te perdonen alguna.

Qué locura, la lectura podría ser la siguiente: TODOS defendemos muy fuerte, el contrario se equivoca, los árbitros pitan cuando lo consideran oportuno y nosotros ganamos cuando estamos acertados.

Los peores equipos defensivos hacen pocas faltas, protestan y siempre reciben canastas fáciles. Ninguno de estos defectos, son imputables al Joventut.

Y entonces, con un buen trabajo de diez jugadores e intensidad suprema ¿ya es bastante?.

No, detrás de ese aparente desorden general, el Joventut ha incorporado algunas finezas técnicas que pronto veremos en otros equipos, por las características de los jugadores europeos, en nuestro baloncesto se pasa por debajo de la cintura e insistimos en los pases picados;

los badaloneses ya usan con naturalidad el “alley hoop”, empezaron con el dúo Bennet-Rudy, lo van generalizando y puedo asegurar que en un futuro inmediato, lo veremos en otros equipos.

Sus jugadas rápidas en los saques tanto laterales como de fondo, son muy variadas: desde el legendario corte del sacador sobre un pívot del Cotonificio hasta los actuales en los que se fingen movimientos antes de que el árbitro dé el balón, para luego realizar movimientos sorpresas.

Su variedad defensiva es vanguardia en la liga ACB: presión, dos por uno en diferentes sitios del campo, zona y zona press.

No soy entrenador en activo y por lo tanto estoy seguro que un buen ayudante me daría muchas más razones, valgan estas pocas como un somero repaso al equipo más singular de la liga ACB en los últimos años.

Esperemos que le salgan imitadores.