La semana ha sido entretenida para la afición del Caja Laboral.

Por un lado, el contencioso del Ayuntamiento con la Fiscalía nos permite recibir noticias de un Baskonia que, de no ser por este asunto, no hubiéramos conocido.

Cualquier otro club hubiera aireado el “afaire”, pero el tradicional hermetismo de la entidad alavesa no lo ha permitido.

Resulta que a través de una gran gestión empresarial en el tiempo en que todo el monte era orégano, al club le cae un premio en forma de ciudad deportiva.

O sea, de un negocio y, deje mucho o deje poco, el Bakh garantizará la viabilidad del club por un buen espacio de tiempo.


Dentro de este mismo cicatero criterio de comunicación, nos enteramos de que a Oleson necesitan hacerle una nueva operación para solucionar sus problemas de tobillo.

Definitivamente, este año las lesiones de larga duración se solucionan erráticamente.

Véase el caso de Herrmann y la tardanza en la decisión de intervenirle de la rodilla y el nuevo retraso con Oleson.

Ninguna de estas lesiones son achacables al estilo de entrenamientos de Dusko Ivanovic, argumentos que utilizan con frecuencia los que consideran que entrenando poco, como estudiando poco, se pueden aprobar exámenes y ganar partidos.

Tostón y lógica

El partido, un auténtico tostón. Después de una semana con dos buenos encuentros en Tel Aviv y Badalona, hasta puede pensarse que es lógico; un cuadro tan corto no puede mantener mucho tiempo la tensión.

Al haber perdido el Caja Laboral los jugadores artísticos, las victorias llegan con un fondo opaco. Pero, sin embargo, la clasificación en las competiciones en que está inmerso es brillante.

Si consideramos que el base titular, Marcelinho Huertas, prácticamente no ha debutado; que Oleson, el sustituto natural de Rakocevic en la función anotadora, sigue desaparecido, y que Herrmann, el "cuerpo grande" contratado para hacer la labor de Mickeal, ni siquiera ha debutado, no queda más remedio que esperar momentos más lúcidos para el espectáculo, que con casi seguridad llegarán.

Posdata. Sentado en mi butaca, sabiendo el frío y la nevada que estaba cayendo, me quedaba perplejo al ver a un Buesa Arena con más de media entrada y con ganas de aplaudir.

Definitivamente, somos unos fanáticos.

* Artículo publicado en la edición local de El Correo de Vitoria.