La brutal superioridad de España en la final europea representa un hito sin precedentes en cualquier deporte de equipo cuando se está jugando por la medalla de oro.

Viene a ser algo así como un 5-0 si se tratara de un enfrentamiento futbolero. ¿Se lo imaginan?

Al margen de las posibles reiteraciones sobre los elogios siempre justos hacia los nuestros, lo que ha quedado demostrado es la incapacidad del baloncesto FIBA para controlar un estilo de juego único y que hoy en día sólo se permiten hacer los jugadores españoles, todo basado en la improvisación.

En el momento en el que vivimos, donde la tecnología, el estudio de los contrarios y los planteamientos técnicos parecen tener tanta trascendencia, España descompone cualquier intento ajedrecista que plantean los contrarios.

Durante muchos años, los mejores del Estudiantes madrileño, sus jugadores presumían de ser un equipo de patio de colegio.

Pues bien, exactamente eso es lo que es nuestra selección, un temible equipo de patio de colegio.

Determinante Pau

Sin insistir en el mérito de la Federación en el ensamblaje del grupo y llegado el momento de agradecer a la ACB la competición en que se forjan estas estrellas, conviene valorar el estado de gracia en que nuestro deporte se encuentra.

Está bien que una generación de uno o dos jugadores excepcionales se junte. Pero hacer coincidir a nuestras cuatro estrellas capitaneadas por Gasol es algo que no se producirá en muchos años.

Ha llegado el momento de decir que, desde la retirada de Sabonis, en el baloncesto europeo jamás ha habido un jugador tan determinante como Pau.

Felicidades para todos.

* Artículo publicado en la edición local de El Correo de Vitoria.