Después de una pájara similar a la de los grandes ciclistas en el Tour de Francia, la selección viene de atrás embravecida dando la sensación de sobrarle energía para pasar por encima de cualquier contrario.

Anoche los franceses parecieron un equipo mediocre y, sin embargo, no debe olvidarse que se presentaron al enfrentamiento invictos.

Ellos y los nuestros eran los máximos aspirantes al título.

Ocurre que los tropiezos de los españoles han trastocado la marcha del campeonato y han debido enfrentarse en cuartos.

Tantas veces nos hemos quejado de este enfrentamiento y ahora les toca a los franceses morir casi sin conocer la derrota.

Una vez que Scariolo ha cogido el aire a la plantilla, la mueve con maestría: algún buen relevo de Raúl, que mantiene la cara en el base;

Garbajosa, escondido por las esquinas y matando con sus triples; Mumbrú, dando aire a los aleros; y Reyes y Marc haciendo el trabajo sucio.

Todos son la perfecta compañía para el cuarteto de mayor capacidad inventiva que ha dado el baloncesto español: Rudy Fernández, Ricky, Navarro y Pau Gasol.

La mayor muestra de su talento no se refleja sólo en las acciones individuales, que tanto asombran, sino en intuir dónde van a estar sus compañeros para darles el pase maravilloso. Pero su trabajo no queda en eso.

Su conocimiento del juego les permite asustar a toda una plantilla de la NBA y recuperarles balones como si de juveniles se tratara.

España va lanzada hacia el oro, el baloncesto volverá a ocupar las primeras noticias de los diarios, los que conocemos seguiremos viviendo el sueño y entonces, ¿qué importa de qué metal sea la medalla?

Otro día hablaré del majestuoso Gasol, que tras su paso por los Lakers y una vez conseguido el campeonato de la NBA es el jugador que muchos esperábamos ver y empezábamos a tener dudas.

* Artículo publicado en la edición local de El Correo de Vitoria.