El día nueve concluyó la temporada regular de la liga ACB, casi cuatro meses de paro para 9 equipos, diez la próxima temporada, hasta que bote de nuevo el balón.

Demasiadas vacaciones para 90% del Baloncesto Español.

El sábado, los mejores inician un rápido maratón de playoffs, en menos de una semana se quedarán cuatro y se iniciará la traca final que decide el campeón.

Todo rápido, como si el cansancio se apoderara del ambiente.

La competición ha dejado poquísimas sorpresas, las 5 victorias de diferencia entre el Kalise, sexto, y el Iurbentia, octavo, muestran la abismal diferencia entre media decena de equipos y el resto.

Creo llegado el momento de buscar otro formato para la competición. Tal como están las cosas en el presente con el contencioso entre la ACB y la Euroliga, es mejor no abrir polémicas.

En la temporada, lo más divertido y sorprendente ha sido ver jugar al Fuenlabrada.

Este club ha demostrado un singular olfato para el reclutamiento de jugadores, demostrando que siempre hay alguien a descubrir.

Guil, entrenador debutante, ha sido con mucho la revelación de la temporada, ha manejado con soltura el poderoso juego exterior de su plantilla, permitiendo la improvisación, el juego uno contra uno, y promoviendo el tiro exterior, al más puro estilo Obradovic.

A pesar de su debilidad en la pintura, en la que únicamente daba la medida Antonio Bueno, ha sabido atrincherarse hasta ser el tercer mejor reboteador defensivo.

Cinco jugadores han superado con soltura el 40% de acierto en el triple. En definitiva, un placer verles jugar.

Es de suponer que las ofertas económicas a sus jugadores descompongan el proyecto, y que no puedan seguir creciendo sin una buena incorporación al juego interior, lo que les convertiría en un claro equipo de playoffs.

Su juego depurado y moderno en días de acierto es comparable al de Unicaja y Joventut.

Ojalá cunda el ejemplo y los clubes y entrenadores sepan encontrar en el mercado las pocas joyas que aparecen, tal como hacen los fuenlabreños.