Me preparo para mis actividades veraniegas que pasan por intentar transmitir a jugadores de diferentes edades lo que para mí es la base del juego: aprender a jugar baloncesto individualmente, nadie lo define mejor que Savater cuando anuncia que todo consiste en ENSEÑAR A APRENDER.

Leo un artículo muy interesante del profesor Trías de Bes, habla sobre el sentido de morir, no desde luego de la muerte física que no tiene remedio, sino de la renuncia por parte de los hombres a abandonar prematuramente tanto lo querido como lo odiado de las actividades que han llenado su vida.

En mi deformación, llevó el asunto al baloncesto y me quedo perplejo al ver que pocos después de la cincuentena siguen vivos y cuánta gente nos ha abandonado.

Me apena la renuncia, la frustración con que algunos, sean directivos entrenadores o jugadores, olvidan lo mucho que el baloncesto les ha dado y pierden todo interés por aportar sus conocimientos.

Dice Trías de Bes en un párrafo "una vida sin final sería insufrible porque nadie puede escapar a la insoportable levedad del ser, como dijo Kundera.

Sólo soportamos SER si algún día habrá un NO SER". No entiendo porqué tantos imprescindibles se aparcan en el limbo del baloncesto y dejan de SER, cuando todavía tendrían tanto que aportar.

Me apresuro a decir que hay formidables excepciones, quizá las más llamativas sean Eduardo Pórtela desde la presidencia de la ACB y Pedro Ferrándiz inventor de una Fundación que nos deja perplejos.

No es el momento de alabarles porque están en activo, si algún día se jubilan, que no lo creo, intentaremos pagarles lo que nos han dado.

Lolo Sáinz ha estado entre nosotros hasta hace poco pero alguna cornada trapera le ha apartado y hace tiempo que no le veo.

Aito sigue en la brecha, como ejemplo de vocación; está el polifacético Moncho... alguno mas habrá, aunque no muchos.

Es curioso que todos proceden del mundo del entrenador, es lógico, en definitiva los entrenadores no son más que jugadores retirados por el paso del tiempo, el hecho es una confirmación de que todo el baloncesto proviene del jugador.

He mantenido toda mi vida que de los entrenadores deben de salir las mejores ideas, los ejemplos enumerados lo demuestran;

sin embargo, mi pregunta es dónde están todos aquellos que no han llegado a la cincuentena y van malviviendo su vida baloncestística, y digo más, donde están los privilegiados que han ganado un buen dinero y sin frustraciones nos abandonan.

Permitirme que recrimine a todos ellos su egoísmo, su pereza e incluso su cobardía por no devolverle al baloncesto toda las experiencias que han vivido, ¿qué, cómo?, entrenando en colegios, a los jóvenes de un club, o escribiendo en tantos foros que por ahí circulan y de los que es estrella Javier Añua.

Por aquello de mis artículos hace unos meses tuve un encontronazo con un entrenador de la élite; en nuestro meditado carteo me recriminó que con mis años todavía me dejara llevar por mis pasiones;

¡me hizo tan feliz! Veo partidos por la tele, el propio Romay se cataloga asimismo de carroza, está equivocado, su humor le vacunará durante muchos años.

El "ente" ha tirado a la papelera a Pedro Barthe un hombre entrañable para nuestra casa, no debe renunciar, debe buscar una forma de quedarse con nosotros. Ánimo colegas todavía estáis a tiempo de vivir un presente apasionante.

Recordar que durante un tiempo, la experiencia y el vigor son coetáneos, la vida actual nos permite alargar ese tiempo mucho más del que los jóvenes inexpertos parecen desear, nosotros estamos aquí para colaborar, nunca para competir.

Tenemos la obligación de seguir vivos. Aún siendo un poco lenguaraz voy tirando y empresas como Eurosport me lo permiten;

yo se lo agradezco, porque aunque suene a disculpa, al BA-LON-CES-TO ni le gustan las mujeres ni los veteranos.