En baloncesto siempre es difícil definir el valor real de los jugadores; por lo general, su talento individual no siempre se ve recompensado por la necesidad de aportar efectividad a la victoria de su equipo.

Para los que vivimos intentando descubrir fenómenos nuevos, valorar sus cualidades es un tema de constante debate.

Hay que aprender de los agentes, los cuales por la urgencia que supone captar lo antes posible a las promesas suelen ser muy clarividentes en sus juicios.

Uno de los poderosos en el ámbito europeo mantiene como axioma que sobre una base de cinco partidos, un jugador es excelente cuando destaca como mínimo en cuatro de ellos.

El buen jugador siempre debe destacar en tres y aspirar a hacerlo en cuatro. Un jugador digno es el que juega bien en dos ocasiones y aspira a mejorar.

Por último aquel jugador que juega ocasionalmente uno o dos días no vale para equipos con aspiraciones.

Con semejantes criterios podemos considerar a algunos jugadores de la NBA como excelentes a Bryant o Nowitzki.

Gasol todavía no está en ese grupo, pertenece al de los muy buenos, y por sus aspiraciones y talento debe dar el salto lo antes posible.

Calderón, siempre con criterios NBA, es el prototipo de jugador del tercer grupo de los buenos, todavía no llega a tener galones, aunque espero que en muy poco tiempo suba un peldaño en su carrera, su madurez personal me hace ser optimista.

Es pronto para valorar a Garbajosa y no digamos a Sergio.

Este mismo estudio puede realizarse en la competición ACB. Me apresuro a asegurar que Navarro y Scola pertenecen al grupo de los privilegiados, cada vez menos principalmente por la huída de algunos de los más brillantes a la NBA.

En el grupo de los muy buenos están Bullock, Rakocevic, Berni... que podrían llegar a pertenecer al grupo superior, pero quizás les falte algo.

Si recorremos la liga ACB es preocupante ver lo reducido que se queda el grupo de jugadores fiables en tres de cada cinco partidos: Rudy, Ricky Rubio, San Emeterio (autentica revelación de la temporada) y posiblemente Suárez pero poco más.

Después de todo la pregunta clave es como conseguir la continuidad de jugadores capaces y sin embargo intermitentes. El tema sobrepasa aspectos técnicos del juego, está más en la forma de ser del individuo, en la ambición de su entorno familiar, de su club y en su nivel intelectual, en definitiva en sus valores humanistas.

Generalmente los entrenadores ayudan poco, aceptan con naturalidad el mal día del jugador, achacándolo a factores deportivos, pero no es así.

Herb Brown dejó en mí grandes recuerdos, uno de los más importantes era la terrible presión que ponía a sus mejores jugadores en la obligación de jugar bien todos los días, el extraordinario Villacampa, hoy presidente del Joventut, sabe mucho de esa presión.

La fortaleza mental la adquieren los jugadores por maduración propia: Nacho Rodríguez, Solana, Lucio Angulo o Guardia, son ejemplos de jugadores que, sin haber sido extraordinarios, en la actualidad son de una fiabilidad absoluta.

Lástima que no se use su sabiduría actual para trasmitir a jugadores mucho más jóvenes la necesidad de amar el baloncesto como ellos lo hacen.

* Artículo publicado en la sección Dobles y Pasos de Eurosport.es