Las dudas que está provocando el debut de Sergio Rodríguez tras su desembarco en la selectiva NBA me mueven a reflexionar sobre la importancia que tiene una cuidada planificación en el futuro de los jóvenes talentos.


Decía el malogrado Ignacio Pinedo, uno de los entrenadores más carismáticos de nuestra historia, que la mejor forma de valorar a un jugador joven es ver si es desequilibrante en la categoría en que se desenvuelve.

Sergio en la Liga ACB no lo era, aunque podría haberlo sido en un futuro inmediato.

Su prematura marcha a la NBA puede retrasar su desarrollo como jugador y además crear en él cierta frustración.

Se generaliza cada vez más ver como las planificaciones de futuros talentos son consecuencia de intereses ajenos al interesado: familias con prisas por ver a su ser querido en lo más alto y, al mismo tiempo, vivir parte de la vida del genial "niño", periodistas que llenan páginas alucinando a la menor cosa que el chaval haga, y no digamos los beneficios económicos que algunos buscan en los traspasos de estos jugadores.

Todos se equivocan y lo que consiguen es perjudicar al jugador que retrasa su éxito un par de años; esperemos que en el caso de Sergio el tiempo sea menor y podamos verle pronto triunfando por su clase natural.

Una trayectoria bien diseñada es Calderón: destacó en su Extremadura natal, el TAU lo detectó muy joven y recorrió un tiempo de mejora cedido en un equipo menor como entonces era Fuenlabrada.

Ya consolidado, retornó a su club de origen ayudando a los vitorianos a ser referente del baloncesto europeo. Llegado este momento, la NBA le abre la puerta y, en la actualidad, sigue labrándose una sólida carrera baloncestistica.

La diferencia entre ambos casos es evidente. Sergio es puro talento, deslumbra y nos hace soñar con un baloncesto excelso, nos entusiasma y le sobrevaloramos (recordar que su aportación en el éxito mundialista fue escasa).

Por el contrario Calderón es la solidez, menos ingenioso pero más constante, suma para el equipo y cuando esta mal generalmente no resta.

Nadie que yo recuerde, ha irrumpido en el baloncesto de elite como Ricky Rubio, su planilla personal en el partido en el que se convirtió en campeón de Europa cadete asombrará durante muchos años.

Ser el debutante más joven de la Liga ACB y comprobar su escasísima presencia en medios de comunicación, es la mejor muestra de cómo la familia y el Joventut de Badalona manejan a su futura estrella.

La educación deportiva de la mano de Aito está garantizada y seguro que llegaremos a verle en lo más alto del baloncesto NBA.

Bueno sería que padres, clubes y sobre todo agentes se preocuparan mucho más de proteger las carreras de unos jugadores que se desenvuelven en un deporte colectivo que por precipitar su madurez deportiva.

La educación integral es tan importante como el talento natural que sin duda poseen.

* Artículo publicado en la sección Dobles y Pasos de Eurosport.es