Visita NBA
19.10.2006

En contra de la opinión general, me parece que sus equipos todavía son mejores que los nuestros, ganarles algún partido es siempre una excepción.
Suelen ser más accesibles cuando vienen, como ha sido esta vez, bajos de forma al encontrarse en plena pretemporada y con escasa concentración.
Si lo extrapolamos a la liga ACB, podría decirse que las diferencias son las mismas que existen entre nuestro último campeón, el Unicaja y un equipo de la parte media baja de la tabla, disputando ese partido con la intrascendencia de la pretemporada.
Resulta difícil comparar ambas competiciones porque el juego es muy diferente en ambos continentes. Los estadounidenses rinden culto a la individualidad, la fuerza física colectiva y priorizan el juego al concepto de espectáculo, olvidando cualquier planteamiento táctico que lo dificulte.
Por el contrario, los equipos europeos forman grupos compactos, en los que la mano del entrenador tiene mucho que ver como en el juego ofensivo -mucho más colectivo y estudiado- basado en jugadas muy elaboradas en las que suelen participar tres o cuatro atacantes, mientras que los americanos juegan constantemente 1x1 o como máximo el tradicional 2x2.
Y mucho más en el juego defensivo donde los nuestros, estudian a los contrarios individual y colectivamente hasta apagar o, por lo menos, dificultar las acciones de los jugadores más talentosos del contrario lo que impide, incluso al mejor jugador europeo, promediar treinta puntos por partido.
Otra vertiente de la visita de la NBA es el concepto del espectador televisivo. No conozco a nadie que se haya tragado entero el Philadelphia – Barcelona (tres horas de retrasmisión son impensables para un buen aficionado de butaca y cervecita).
Recientemente José Luis Llorente, Presidente de la Asociación de Jugadores, criticaba con tino los dos tiempos muertos de dos minutos que, al final, convierten el partido en cuatro tiempos; dudé de su opinión, pero ahora creo que tiene bastante sentido.
La parte más negativa de la visita de la NBA es el nivel de conocimiento que adquieren sobre lo bueno de nuestro baloncesto; al final, esta circunstancia redundará en una marcha masiva de los nuestros a su liga con el correspondiente empobrecimiento de nuestras competiciones.
Parece lógico que detrás de los mejores jugadores emigren también los entrenadores estrella que, aunque en menor medida, también tendrán su sitio.
Un primer aviso ha sido la marcha del italiano Gherardini, prestigioso secretario técnico de la Benetton reclutado por los canadienses de Toronto.
Definitivamente su presencia masiva no me gusta, preferiría esporádicamente la visita de uno o dos equipos; el mayor conocimiento de nuestro caladero nos traerá malas noticias en el futuro.
* Artículo publicado en la sección Dobles y Pasos de Eurosport.es
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