Una vez consumado el mayor éxito del Baloncesto Español, sueño de todos los que estamos atacados por el virus, es de recibo felicitar y agradecer a Pepe Sáez, Pepu Hernández y a su docena de jóvenes admirables los momentos vividos.

El éxito en el deporte colectivo, requiere que un grupo de grandes jugadores coincida en un determinado momento, nosotros tenemos la suerte de la contemporaneidad de estos talentos.

Aún así, esta selección no hubiera enamorado a media España de no ser por el comportamiento humano del grupo, la capacidad de seducción de todos ellos ha movilizado al país, consiguiendo convertir los colores nacionales en propiedad de todos y no de unos pocos.

En una sociedad como la nuestra los acontecimientos pasan a la historia muy rápidamente y, sin olvidar jamás lo ocurrido, es conveniente pasar página y mirar el futuro.

En pocos días, volveremos a ocupar el pequeño espacio que los medios nos dedican, los héroes se distribuirán por sus correspondientes clubes, oiremos referencias a lo largo del invierno sobre los cuatro que se han ido a la NBA y los ahora amigos ocasionales tan dispuestos a arreglar nuestros males con alguna sugerencia, desaparecerán de nuestro mundillo; quizás sea lo mejor, total, para recibir hostias.

De esta situación, ya larga en el tiempo, digo yo que algo de culpa tendremos nosotros que no somos capaces de pensar por nosotros mismos, ni siquiera de hacer un diagnóstico real de los males que sabemos existen en nuestro deporte.

Veamos algunas obviedades: es una realidad que nuestros mejores jugadores no representan ni de lejos el nivel medio de nuestros valores, que los equipos de ACB persisten en la idea que cualquier jugador venido del exterior merece más confianza que nuestra clase media, que la liga LEB no cumple con su labor de hacer madurar a nuestras mejores promesas, que no hemos sabido comunicar a los medios de comunicación nuestras bonanzas;

es conocida también la animadversión de ciertos columnistas hacia la liga ACB, empecinados en no comprender que en una competición con aspiraciones sólo pueden estar los mejores sean de donde sean.

Sorprende que, por otro lado, esos mismos columnistas lo aceptan con naturalidad en el fútbol -el Barcelona fue campeón de Europa con tres españoles-, y no se comprenda la necesidad de generar recursos económicos para mantener los altos presupuestos de los clubes de la liga ACB.

Es una realidad que Madrid polariza cada día más lo que ocurre en el país, el deporte es vivo reflejo y sin embargo la liga ACB sigue viviendo a espaldas de la capital...

Aunque parece lógico que el impulso llegue con todo esplendor hasta nuestro europeo del próximo año, hay que tener presente que los grandes momentos son efímeros: alguna lesión inoportuna, la negativa por parte de algún equipo de la NBA a dar el permiso para jugar e incluso alguna renuncia legítima (como ha ocurrido en el baloncesto serbio), puede hacernos caer en picado de la nube en que vivimos en estos momentos.

Un somero conocimiento de los entresijos del baloncesto permite descubrir las diferentes posiciones y criterios de las dos instituciones, ACB y FEB.

Tras la larga e incruenta guerra en la que la patronal salió victoriosa imponiendo el criterio de cuatro españoles por equipo, las represalias de la federación no se han hecho esperar; en el reciente éxito ha sido llamativo el ninguneo a que ha sido sometida la ACB en todos los fastos de celebración, sin haberse tenido en cuenta de que los componentes de la selección son desde muy jóvenes producto de sus equipos.

Más que nunca nuestro baloncesto necesita imaginación para mantener un crecimiento sostenido.

El esfuerzo de una docena de clubes por ser grandes, las horas de entrenamiento necesarias para jugar como lo hacen los nuestros y los miles de aficionados que llenan las canchas, no servirá de nada si los dirigentes de las dos grandes instituciones no aparcan sus diferencias y se sientan a debatir sobre el futuro.

La competitividad entre egoísmos cerriles es inmoral, frena el crecimiento e impide un diálogo abierto del que sin duda pueden surgir ideas que redundarían en un bien general para nuestro mundillo.

Por el bien de todos, esperemos que así sea.

* Artículo publicado en la sección Dobles y Pasos de Eurosport.es