Para ser considerado un club grande en el mundillo del baloncesto, hay que recorrer un largo periodo en el que muchas personas van aportando sus conocimientos y uniendo esfuerzos hasta conseguir, después de muchos años, alcanzar el premio de estar en la elite.

Málaga ya puede presumir de haber alcanzado este puesto.

Desde la traumática fusión de Unicaja y Maristas en la que personajes tan emblemáticos como Queipo de Llano o Paco Moreno, dejaron paso a los que hoy rigen el club, ha pasado mucho tiempo, pero todos ellos son forjadores de lo que hoy la afición malagueña disfruta con justicia.

Vale la pena hacer un pequeño recuento de lo que ha sido la final: dos aficiones ensordecedoras, pasionales compitiendo en decibelios y sin ningún punto negro en su comportamiento.

Destacar la espectacular aportación de algunos jugadores españoles: Cabezas y Berni demoledores saliendo del banco y convirtiéndose en artífices finales del juego de los campeones, los “costa a costa” de Vidal, quizás nuestro jugador mas rápido en campo abierto y la madurez de un pletórico Garbajosa de curiosa trayectoria: forjado en las categorías inferiores del Tau, se ve obligado a emigrar a Italia por la falta de interés de nuestros clubes, vuelve como figura y ahora en su mejor momento, se nos va a la NBA; lástima, buen viaje y vuelve cuanto antes.

Los vitorianos llegaron al final de la temporada sin fuerzas y acusaron demasiado las lesiones de Prigioni y Erdogan. Perder dos finales seguidas en campo propio desestabilizaría a cualquier club que no fuese tan sólido como el alavés, pero es tradición del club no excusarse en la desgracia, en los últimos años llevan mucha “tralla”; mi enhorabuena por su “savoir faire”.

La brillantez técnica de Scariolo se hizo notar y manejó con tino absoluto sus efectivos; lástima que en tiempos de play-off pierda el señorío que debe tener cualquier superdotado en todas las actividades de la vida.

Su tiempo muerto en los últimos segundos no es técnicamente criticable, el reglamento se lo permite; lo que está fuera de lugar es aprovechar la oportunidad para tirar una pulla a Ivanovic por no haberlo pedido el pasado año.

De Sergio hemos podido oir en estos play-off: “siento miedo por la integridad física de los míos” y alguna lindeza más que cabreó al paciente Aito hasta el punto de no felicitarle por su victoria; denigró a Perasovic asegurando que “es como yo cuando era joven”.

Pero ahí no acabó la cosa, una vez conseguido el titulo al recibir la felicitación de Eduardo Portela le replicó “no siempre ganan los que tú quieres….”; no creo que el fundador de la liga en la que él consigue los éxitos merezca este tratamiento.

Definitivamente Scariolo tiene sangre de los Borgia, no contento con el titulo de él salen todos los rumores que le colocan en el Tau, quizás, la perdida de Garbajosa y el listón tan alto que se le presenta para el año que viene, pongan nerviosa a su activa mente.

Estudiando la larga trayectoria y los éxitos del gran Scariolo, se aprecia claramente que su problema es la vanidad y, consecuentemente, las victorias por si solas no le son suficientes.

Es un hecho que a nivel nacional el baloncesto televisivo, sobre todo en el formato actual no interesa, pero las finales nos han descubierto a Ernest Riveras como brillante narrador: apasionado, fresco, comprometido y documentado, sus retransmisiones valían la pena oírlas; ahora a la ACB tiene tiempo para trabajar en el desastroso asunto de las retransmisiones televisivas.

Se cierra una temporada más de la liga ACB y ahora sólo nos queda esperar expectantes ver qué nos ofrece el equipo nacional con Pepu a la cabeza.

* Artículo publicado en la sección Dobles y Pasos de Eurosport.es