Por muy bien planteado que estuviera su proyecto deportivo, a los dos desafortunados que les toque verán saltar por los aires todo su trabajo, ya que nada de lo realizado hasta el momento les valdrá, viéndose obligados a iniciar un nuevo maratón que les permita volver, lo antes posible a la elite.

Como mínimo la mitad de los presidentes de éstos ocho equipos no tienen el respaldo de ninguna entidad pública o administración, están solos ante el peligro y acompañados por circunstancias adversas:

las derrotas continuadas, las aspiraciones incumplidas, las trifulcas con medios de comunicación por su gestión, las cantidades económicas desembolsadas o avaladas por ellos mismos e incluso las incomprensiones familiares les agobian por doquier.

Pero esto no es lo peor, sino que en estas circunstancias estarán viviendo con tristeza el proverbio polaco “Cuando la adversidad llama a tu puerta, todos los amigos están durmiendo”. Dura situación de la que no pueden huir al estar prisioneros del que dirán.

Que decir de las tensiones de los ocho entrenadores, buscando razones para justificar tan dura situación, bloqueados sin poder aceptar que un problema deja de serlo cuando no tiene solución y que ellos no son los responsables de todo lo que ocurre en el club.

Si como dice I. Gandhi “es un gran privilegio haber vivido una vida difícil”, entonces los entrenadores de estos equipos son unos privilegiados.

Alguna vez estuve en esta circunstancia y jamás me acostumbré ni desde luego me sentí un privilegiado, ¡qué presión y qué soledad!.

Se equivocan quienes crean que los más de 80 jugadores que están involucrados viven con indiferencia la situación.

Juzgarles así es un desconocimiento total de la forma de ser de un deportista, sólo quién ha jugado sabe lo que se siente, aunque conociendo la condición humana muchos opinan alegremente aquello de que “con la pasta que cobran...”.

Intuyo por ejemplo el estado de ánimo de jugadores como Nacho Rodríguez o Iñaki de Miguel.

Una competición tan “inhumana” como la Liga ACB, en la que a falta de 10 jornadas los 18 clubes se están jugando algo, no merece ser denostada por algunos que desde el burladero juzgan y critican nuestra primera competición baloncestística.

La ACB, o sea los clubes, lo aceptan por el bien del público y del espectáculo, pero dudo muchísimo que las grandes franquicias de la NBA tolerasen a sus dirigentes un castigo del calibre que recibirán en España los dos equipos que al final pierdan la categoría.

Francamente, una cosa es tomarse en serio la competición y otra convertirla en lo que realmente es, una tragedia deportiva.

En 40 días saldremos de dudas, la competición es corta y sin embargo la agonía es interminable para presidentes, entrenadores y jugadores.

A todos ellos desde aquí les doy las gracias por hacer de cada fin de semana un maravilloso espectáculo baloncestistico.

* Artículo publicado en la sección Dobles y Pasos de Eurosport.es