En vista del éxito de los Juegos, conseguido por jugadores hechos en esta competición, sería lógico pensar con optimismo en el campeonato que se inicia.

No es así. Sobre la competición se ciernen nubarrones que presagian tempestades.

La recesión económica ataca nuestros clubes.

De no mediar algún milagro, en un futuro no lejano podremos ver desaparecer alguno de solera siguiendo al Akasvayu.

En el hecho influye por un lado la plausible vigilancia de la ACB y por otro el comportamiento de la administración, que atosiga a los clubes en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales, pasando por alto la pavorosa situación del fútbol.

Hace unos días leía al catedrático de economía J. M. Gay mantener las siguientes afirmaciones: “Varios clubes de prestigio están acorralados al presentar fondos propios negativos, lo que equivale a hablar de un estado de quiebra…la gestión económica de hoy es insostenible…la insolvencia estallará…”.

Ofrecía algunos datos escalofriantes. El baloncesto se ve constantemente amenazado, siendo su situación financiera mucho más saneada.

Es tradición en nuestro país que los poderosos encuentren vericuetos para burlar la ley con mayor facilidad que la clase media.

Las negativas consecuencias deportivas no se han hecho esperar. A la ya aceptada y lógica expoliación por parte de la NBA, se une ahora los dineros de equipos rusos, griegos e israelíes.

Nada habría que objetar si las reglas del juego de estos países fueran las mismas que en España. No es así. Las estrellas que se van a estos equipos lo hacen principalmente por los altos contratos económicos, y en éstos influye la premisa de libres de impuestos, y en algunas ocasiones el dinero puesto en Suiza. El fichaje de Garbajosa por un emergente equipo ruso es toda una demostración del potencial.

No es menor la dificultad que supone para la ACB la tradicional desatención que TVE dedica a nuestra liga, la falta de promoción, la disparidad de horarios, la cicatería en cámaras…Son dificultades añadidas para que los clubes encuentren patrocinadores. Se especula con las audiencias.

Me gustaría saber las del motociclismo en circunstancias similares. A pesar de todo, la ACB, aún con menos estrellas, ha sabido mantener su estatus de mejor liga europea.

De repente amanece un nuevo problema muy preocupante. Resulta que la Euroliga, en su legítimo deseo de crecer y estabilizarse, plantea una competición semicerrada a la que invita con puesto perpetuo a los tres mejores españoles, Madrid, Barça y Tau.

Estos lógicamente aceptan la propuesta. Es de suponer que la situación se desata por las presiones que Bertomeu recibe de los grandes, que le fuerzan al nuevo planteamiento al no disputar competiciones domésticas fuertes. Su liga sería la Euroliga.

La transformación tiene mucha trascendencia y siempre negativa para la ACB. Se reducen los premios, tanto en la temporada regular como en los playoffs, dejando únicamente un puesto para el resto de los equipos españoles.

No veo salida por ningún lado.

Conclusión: si la competencia no sólo viene de la NBA; si ninguno de los nuestros es favorito en la Euroliga pues sus presupuestos poco tienen que ver con los de otros; si se anda mal de tesorería y si la tradicional concordia entre Portela y Bertomeu se rompe, no me negarán ustedes que vivimos un tiempo tormentoso.