El baloncesto español vive momentos convulsos.

Al margen de la selección, este deporte se desarrolla en tres competiciones: la Euroliga y las ligas ACB y LEB.

Los problemas surgen en la conexión entre unas y otras. La ACB, basándose en los méritos durante la competición, decidía qué clubes participaban en la Euroliga.

Ahora, ésta, en su deseo de estabilizarse, decide crear un nuevo marco de invitación apoyándose en el historial de los clubes. Hay conflicto.

Las razones de ambos son sólidas y legítimas. Los grandes políticos se consolidan en asuntos como este.

Esperemos que Bertomeu y Portela hallen un camino que no veo.

La ACB en sí misma viene arrastrando problemas: la necesidad de reducirse a 16 equipos (y vendrá el Obradoiro) unida a las diferencias presupuestarias en algunos clubes, que intentan sostenerse en economías de alto riesgo, son razones que deberían llevar a sus responsables a la cirugía.

Pasó con el CAI. Lo lógico sería un acuerdo con la FEB.

De los problemas tampoco se libra la FEB. La crisis también se ha instalado en sus competiciones. Aún no ha conseguido completar sus grupos, viéndose obligada a ampliar el plazo hasta el día 21.

Es inútil ocultar, como ha ocurrido, que aproximadamente la mitad de sus clubes sean insolventes, que los jugadores se queden sin cobrar como ha ocurrido este año, teniendo que recurrir a avales o incluso ver desaparecer a algún club.

Cuesta comprender por qué nuestros responsables no adecuan sus proyectos a la situación real que vive la economía del país, primando a los más estables en lugar de forzar la situación y permitir participar a grupos bien intencionados pero sin solvencia.